¡Hola a todos! Soy Cristian José Núñez Gana, y quiero darles la bienvenida a mi blog sobre la Terapia de Música Favorita, o FMT para abreviar. Este es un proyecto muy cercano a mi corazón, y estoy emocionado de compartir con ustedes cómo llegó a existir y el increíble potencial que tiene para transformar vidas.
Mi viaje con la FMT comenzó con una pérdida personal. Mi amada abuela, que era como una segunda madre para mí, falleció a causa de la enfermedad de Alzheimer. Fue desgarrador ver su declive y sentirme impotente para ayudarla. Visitarla en su residencia de adultos mayores y presenciar su lucha fue una de las experiencias más difíciles de mi vida.
Años después de su fallecimiento, mientras filmaba un documental en el norte de Chile con mi buen amigo Carlos, decidí visitar una casa de ancianos local. A pesar de la fama de Carlos, muchos residentes no lo reconocieron debido a su Alzheimer avanzado. Fue desgarrador ver cuántos habían sido despojados de sus recuerdos.
En un esfuerzo por conectarnos, puse música que sabía que le gustaba a mi abuela. Me parece que fue Nat King Cole o Los Panchos , mientras sonaban las melodías  una enfermera se acercó, emocionada, y señaló a un residente que estaba bailando alegremente. Me explicó asombrada que este hombre no se había movido en tres meses. Presenciar la transformación provocada por esas melodías familiares me hizo darme cuenta del inmenso poder que la música tiene para llegar a las personas con Alzheimer.
Pasaron muchos años y en el tiempo de la pandemia amigo Matías Urrutia me invitó a un evento de su iglesia que había gestionado para 40 abuelitas de bajos recursos. Decidí hacer algo especial para ellas. Empecé colocando una silla en el río e invité a una a sentarse mientras las demás miraban con curiosidad. Me arrodillé y comencé a exfoliar sus pies con la arena del río. Pronto, otra preguntó cuándo era su turno.
Luego, junto con mis amigos, un cubano muy estilizado llamado Rey  un cubano de piel morena muy alto el estilizado y Fabro otro amigo experto en masajes y yoga, quien se parece al personaje de la película «El Príncipe de Persia», montamos una camilla de masajes y comenzamos a darles masajes a seis manos. Las abuelitas estaban encantadas. Continuamos con canciones, una sesión de «cariñoterapia» donde les brindamos afecto a cada una de ellas, seguido de risoterapia. Incluso terminé haciendo un striptease improvisado para ellas, lo que generó una reacción increíble y un inmenso cariño.
Al final del día, mientras se subían al autobús, me abrazaron, me besaron y expresaron su gratitud, diciendo que había sido el mejor día de sus vidas. Pero mientras bajaba de regreso a Santiago, me di cuenta de que, a pesar de lo maravillosa que había sido la experiencia, al día siguiente volverían a su asilo con instalaciones deficientes.
Me di cuenta de que lo que habíamos hecho era solo un «hype» temporal, como confeti que se ve hermoso en el aire pero luego cae y es un problema recogerlo. Empecé a pensar que necesitábamos hacer algo que tuviera un impacto duradero, una continuidad que realmente marcara la diferencia.
Fue entonces cuando se me ocurrió la idea de FMT. Vi un dispositivo simple con una cúpula que proyecta luces y permite insertar un USB para escuchar música. Imaginé que si los residentes tuvieran estos dispositivos en sus habitaciones, podrían llenar sus espacios de color y escuchar su música favorita todas las noches, incluso en instalaciones modestas.
Todos tenemos diferentes canciones que han sido significativas a lo largo de nuestras vidas. Personalmente, preferiría estar en un lugar con condiciones no ideales pero con mi música favorita, que en las mejores instalaciones sin ella. Así nació la idea de la Terapia de Música Favorita.
Cuando comencé a investigar, descubrí estudios existentes y videos que mostraban las extraordinarias reacciones y efectos de la música en personas con Alzheimer. Así que decidí, a través de la asociación cultural sin fines de lucro que fundé, «Somos Felices», dedicar nuestros esfuerzos a generar recursos a través del arte y la cultura para promover y ayudar a los adultos mayores mediante la música.
En las próximas publicaciones, compartiré más sobre los detalles de la FMT, cómo funciona y las notables formas en que está transformando vidas. Pero por ahora, quiero dejarlos con este pensamiento:
Cada uno de nosotros tiene una banda sonora única para nuestras vidas, melodías entretejidas con nuestros recuerdos y emociones más preciados. Y ese vínculo entre música e identidad persiste incluso cuando la enfermedad nos ha quitado mucho. Al aprovechar el poder de la música favorita, podemos ofrecer a las personas con Alzheimer y a sus seres queridos algo verdaderamente invaluable: un camino de regreso a sí mismos y una reafirmación de los vínculos de amor y conexión que definen quiénes somos.
Ese es el corazón y la promesa de la Terapia de Música Favorita. Y estoy encantado de compartir este viaje con todos ustedes.
Siempre recordando, siempre conectando, una canción a la vez,
Cristian José Nuñez Gana